Marta González Fernández es Digital Lead en Starcom. Licenciada en Publicidad y RR.PP por la Universidad Antonio de Nebrija, tiene más de 14 años de experiencia trabajando en agencias de medios internacionales como GrouopM, Havas, OMG y actualmente Starcom.
Con un Máster en Dirección de Comunicación y Protocolo y otro en Marketing Digital y Customer Experience por ESERP, ha trabajado a nivel internacional en Malta, Londres y Doha a lo largo de su carrera.
Especializada en planificación estratégica y táctica de medios digitales en grandes cuentas, combina su trabajo en agencias con la docencia universitaria, un área en el que lleva 5 años como profesores en la Universidad Europea. Su vinculación con la universidad también incluye una Masterclass recientemente, en noviembre de 2025, sobre Social Intelligence en UNIE Universidad.
«No existe una única verdad en comunicación»
¿Qué momento o motivación inicial te llevó a elegir el camino de la comunicación y cómo ha evolucionado ese propósito a lo largo de tu trayectoria profesional?
Desde muy joven me ha interesado entender por qué las personas se comportan como lo hacen y cómo toman decisiones. Por eso, cuando llegó el momento de elegir carrera, dudé entre publicidad y psicología. Finalmente opté por Publicidad y Relaciones Públicas porque entendí que era una forma muy directa de unir creatividad, estrategia y análisis del comportamiento humano. Desde el inicio, más allá de los formatos o los canales, lo que realmente me atraía era el consumidor: su mente, sus motivaciones y su relación con las marcas.
Con el tiempo, ese propósito ha evolucionado, pero no ha cambiado. Hoy sigue siendo el mismo interés por entender al usuario, solo que en un contexto mucho más complejo, tecnológico y cambiante. He pasado de analizar mensajes y percepciones a trabajar con data, plataformas, inteligencia artificial y customer experience, siempre con un mismo objetivo: ayudar a las marcas a conectar de forma relevante, auténtica y culturalmente significativa con las personas.
Mirando atrás, ¿qué aprendizajes de tus primeros pasos profesionales sientes que siguen acompañándote y guiando tus decisiones hoy?
Uno de los aprendizajes más importantes de mis primeros pasos profesionales fue entender que no existe una única verdad en comunicación. Vivir y trabajar en países como Malta, Londres o Doha me permitió comprobar de primera mano que la cultura lo cambia todo: la forma de comunicarse, de consumir, de relacionarse con las marcas y de interpretar los mensajes.
Ese aprendizaje sigue guiando muchas de mis decisiones hoy. Me recordó que antes de hablar, hay que escuchar; antes de planificar, hay que entender; y antes de activar tecnología, hay que tener claro a quién nos dirigimos. También aprendí muy pronto el valor de la adaptabilidad, algo clave en un sector que evoluciona constantemente.
¿Cuál ha sido uno de los mayores retos de tu carrera y qué fortaleza personal descubriste en ti al superarlo?
Uno de los mayores retos ha sido crecer profesionalmente en un entorno tan exigente y competitivo como el de las grandes agencias internacionales, donde la velocidad del cambio es constante y el nivel de especialización cada vez mayor. Adaptarme a nuevas tecnologías, nuevos modelos de trabajo y nuevas expectativas no siempre ha sido sencillo.
Superar ese reto me permitió descubrir una fortaleza clave: mi capacidad de aprendizaje continuo y mi curiosidad constante. Nunca he tenido miedo a volver a empezar, a formarme de nuevo o a cuestionar lo que ya sabía. Esa mentalidad me ha permitido evolucionar con el sector y no quedarme anclada en una única forma de entender la comunicación.
«Liderar no es imponer, sino acompañar»
En tu camino hacia posiciones de liderazgo, ¿qué creencias o miedos tuviste que romper para confiar plenamente en tu capacidad profesional?
Tuve que romper, como muchas profesionales, con la creencia de que siempre hay que saberlo todo antes de dar un paso adelante. Durante mucho tiempo pensé que el liderazgo estaba ligado a la perfección o a tener todas las respuestas, cuando en realidad tiene más que ver con la capacidad de escuchar, de tomar decisiones informadas y de aprender junto al equipo.
Confiar en mi criterio, en mi experiencia y en mi intuición profesional fue un proceso, pero también un punto de inflexión. Entendí que liderar no es imponer, sino acompañar, y que el verdadero valor está en generar impacto a través de las personas.
A lo largo de tu experiencia, ¿qué barreras —personales, culturales o del sector— te han impulsado a crecer y transformarte como profesional y como persona?
Las barreras culturales han sido, paradójicamente, uno de mis mayores motores de crecimiento. Trabajar en contextos internacionales me obligó a salir de mi zona de confort, a cuestionar mis propios sesgos y a ampliar mi mirada. También he vivido la transformación del sector desde dentro: de una publicidad más tradicional a un ecosistema dominado por la data, la automatización y la tecnología.
A nivel personal, el mayor reto ha sido aprender a convivir con la incertidumbre y el cambio constante. Pero precisamente esas barreras han sido las que más me han transformado, ayudándome a desarrollar una visión más estratégica, más humana y más flexible.
¿Hubo algún punto de inflexión o figura clave que marcara un antes y un después en tu empoderamiento profesional?
Más que una figura concreta, diría que hubo varios momentos de inflexión ligados a decisiones personales: apostar por seguir formándome, aceptar nuevos retos en grandes grupos de comunicación y, sobre todo, confiar en mi especialización en experiencia de usuario y estrategia. También la docencia ha sido un punto clave; enseñar me ha obligado a ordenar ideas, cuestionarlas y mantenerme siempre actualizada.
«Me gustaría seguir creciendo como estratega y como docente»
¿Qué decisión valiente recuerdas como un hito en tu carrera y cómo redefinió tu manera de entender el éxito?
Una de las decisiones más valientes fue salir de España y apostar por una experiencia internacional cuando todavía estaba construyendo mi carrera. En ese momento supuso incertidumbre, pero también crecimiento. Esa decisión redefinió mi concepto de éxito: dejó de ser solo un cargo o una posición y pasó a ser aprendizaje, evolución y coherencia con lo que me apasiona.
En un entorno tan cambiante y exigente como el digital, ¿qué hábitos o valores te ayudan a mantener el equilibrio, la autenticidad y la motivación?
El aprendizaje constante es uno de mis pilares. Mantenerme curiosa, actualizada y abierta al cambio me ayuda a no perder la motivación. También valoro mucho la honestidad profesional y la coherencia: entender qué puedo aportar y desde dónde lo hago.
La docencia, además, me aporta equilibrio. El contacto con los alumnos me recuerda la importancia de cuestionar, de no dar nada por sentado y de mantener una mirada crítica y creativa sobre el sector
Cuando piensas en el futuro del sector, ¿qué oportunidades te ilusionan más y cómo te gustaría contribuir activamente a ese cambio?
Me ilusiona especialmente la capacidad que tenemos hoy de combinar tecnología, data e inteligencia artificial con una comprensión profunda del usuario. El reto ya no es técnico, sino humano: saber utilizar todo ese potencial para generar experiencias relevantes, éticas y auténticas.
Me gustaría contribuir ayudando a las marcas a entender que ya no solo comunican productos, sino cultura, valores y experiencias. Y hacerlo desde una visión estratégica, donde la tecnología esté al servicio de las personas y no al revés.
Si miras hacia adelante, ¿qué metas te gustaría alcanzar y qué legado te gustaría dejar en las personas y equipos con los que has compartido camino?
A futuro, me gustaría seguir creciendo como estratega y como docente, profundizando en la conexión entre tecnología, experiencia y comportamiento humano. Mi objetivo es seguir aportando valor, tanto a marcas como a equipos, desde una visión integral y humana. Y por supuesto a mis alumnos. A esto, le sumo mi objetivo de sacarme un doctorado (algo que ya he comenzado.
Si tuviera que hablar de legado, me gustaría que fuera el de haber ayudado a otros a entender mejor al usuario, a trabajar con curiosidad, criterio y ética, y a no perder nunca de vista que, detrás de cualquier dato, siempre hay una persona.

