En un contexto donde la audiencia llega saturada de estímulos, con menos paciencia para lo irrelevante y mayor exigencia de valor, los eventos y el marketing de experiencias están atravesando un cambio de paradigma: dejar de competir por atención para competir por significado. Esa fue la conclusión central del panel virtual “Retos, oportunidades y tendencias 2026”, que se llevó a cabo como antesala a Capital Meetings 2026.
El panel virtual tuvo la participación de Verenice Domínguez (CEO de Factor Meetings), David Hidalgo (CEO de Capital Meetings y fundador de Tree Alliance) y Sergio Ramírez (CEO de Demiurgo), como informa la organización del evento (del que Marketing Insider Review es Media Partner) en una nota de prensa que hemos recibido hoy viernes 6 de marzo de 2026.
Durante la conversación, los panelistas coincidieron en que los eventos que se limitan a “logística impecable, buena producción y ponentes” corren el riesgo de volverse inocuos: se ven bien, pero no dejan huella. En cambio, el nuevo estándar para 2026 y 2027 coloca al centro la construcción de comunidad, la resonancia emocional, la narrativa reutilizable y la claridad estratégica de por qué ese evento debe existir.
Conclusiones del panel virtual Retos, oportunidades y tendencias 2026
De la economía de la atención a la economía del significado
Sergio Ramírez explicó que la industria está dejando atrás una lógica agotada: la de “novedad, escala y ejecución correcta” como sinónimo de éxito. Hoy la pregunta del público no es “¿qué voy a ver?”, sino “¿por qué existe esto… y qué cambia en mí?”. Esa transición, planteó, ocurre por razones estructurales: la saturación simbólica del entorno (crisis, Inteligencia Artificial, sobreinformación), la memoria corta del público y la huella débil de experiencias repetidas que generan reconocimiento, pero no significación.
El concepto de “meaning economy” se volvió el hilo conductor del panel: diseñar eventos que dialoguen con la identidad, las aspiraciones y la historia personal de la audiencia, y que se integren en su conversación cotidiana, no solo en el momento del aplauso.
Eventos como inversión estratégica (y no como “el gasto del año”)
Una de las ideas con más “carnita” para el mercado corporativo fue la transformación del evento como centro de costo a activo estratégico. Verenice Domínguez subrayó que las compañías están elevando el nivel de exigencia: ya no basta con “montar bien” un evento ahora se pide retorno de inversión que viva antes, durante y después.
“El evento ya no puede depender de que la gente escanee un QR y se vaya. Se tiene que diseñar para generar conversación, interacción y continuidad”, se discutió en el panel, donde se insistió en que la experiencia debe activar capacidades internas, desde el entrenamiento de la fuerza de ventas hasta la producción de contenido que perdure (testimoniales, aprendizajes, historias replicables).
David Hidalgo complementó el punto con una visión comercial: cuando una marca logra provocar una emoción conectada con su propuesta de valor, el resultado no es solo “me gustó el evento”, sino lealtad, recurrencia y comunidad, tres variables que sí mueven negocio.
El fin del “orpel”: presupuestos más vigilados y creatividad con criterio Otro mensaje que rompe el guión tradicional de la industria: el problema no es únicamente que “hay menos presupuesto”, sino que hay más escrutinio. Hoy, cada peso se discute, se compara y se audita. Hidalgo criticó el hábito regional de confundir valor con exceso (más luz, más brillo, más comida), y llamó a cambiar el enfoque: no gastar más, sino invertir mejor.
El panel, como continúa el comunicado de prensa, coincidió en que la creatividad que importa en 2026 no es la creatividad ornamental, sino la creatividad con sentido: decisiones de diseño que sostengan una narrativa, fortalezcan pertenencia y eliminen todo aquello que no produce significado. Sergio Ramírez lo sintetizó con una frase contundente: la diferenciación ya no es “hacer algo nuevo”, sino tener criterio para construir algo que obligue a elegir distinto y que pueda sostenerse en el tiempo.
Data emocional: el nuevo insumo para diseñar experiencias relevantes
En un punto especialmente relevante para marcas y agencias, David Hidalgo planteó que conocer a la audiencia es atemporal, pero hoy se vuelve insuficiente quedarse en la data demográfica o socioeconómica. En 2026, dijo, la ventaja competitiva está en profundizar en data emocional: cómo reacciona el público a la inclusión, la diversidad, la sustentabilidad, y qué tipo de experiencia realmente transforma su percepción, su vínculo y su comportamiento.
Verenice Domínguez añadió que la segmentación y el enfoque no solo elevan la experiencia: también pueden optimizar costos. Un evento más focalizado, curado y diseñado “con intención” puede generar más resultados que un programa saturado de actividades desconectadas.
Tendencias 2026–2027: personalización real, reinvención constante y contenido reutilizable
Cuando se discutieron tendencias, las respuestas convergieron en tres ejes, describe la nota:
- Inversión estratégica con narrativa reutilizable: eventos diseñados para producir contenido y conversación a largo plazo, no solo “un día de show”.
- Taylor-made (trajes a la medida): experiencias personalizadas por industria, contexto y comunidad; las fórmulas copiadas dejan de funcionar.
- Creatividad como palanca de eficiencia: reinvención constante sin depender del derroche, sino de decisiones inteligentes de diseño, curaduría y storytelling.
Hidalgo remarcó que la industria necesita “cambiar de piel” de forma permanente: atreverse a desafiar lo monolítico, llevar el riesgo hasta el límite de la capacidad real y sostener una postura creativa que no sea solo estética, sino estratégica.

